Entramos en la cafetería a rellenar el parte amistoso de accidente.
Choque de paraguas.
Tuve suerte, sólo dos varillas dobladas.
El de ella quedó peor.
En los días de lluvia la gente conduce peor sus paraguas.
Entramos en la cafetería a rellenar el parte amistoso de accidente.
Choque de paraguas.
Tuve suerte, sólo dos varillas dobladas.
El de ella quedó peor.
En los días de lluvia la gente conduce peor sus paraguas.
Subo las escaleras de mi edificio haciendo extraños movimientos.
Sé que los vecinos me espían por la mirilla, y piensan que estoy loco.
Es una estrategia.
Nunca sospecharán que soy un superhéroe.
Como si un espejo andara al lado de una persona. Son idénticas las señoras gemelas.
Trabajan como enfermeras en un hospital. Cada una en una planta y en una especialidad.
Hay pacientes de la planta tres que suponen estar en la cuatro cuando ven a una creyendo que es la otra.
Las señoras gemelas provocan este tipo de situaciones.
Asombra la irrazonable velocidad con la que camina por las calles esta elegante anciana.
Lleva un hermoso abrigo rojo, calza botas francesas de color negro, y su cano pelo tiene un corte práctico.
Se detiene, curiosa, al ver pasar una ambulancia, como si fuera la primera de su vida. Después prosigue calle adelante como si tal cosa, con la misma velocidad.